Iglesia Católica dice que los jóvenes han sido abandonados

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El reverendo padre Candelario Mejía Brito destacó que el grito de Jesús cuando dijo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. (Mateo 27:46), en ese momento tenía un aspecto de triunfo, más no de desesperación.

Con esta palabra, el religioso comparó la situación en la que se encontraba Jesús con la actualidad que viven los hombres, un momento donde resalta el abandono por parte de las autoridades que tienen la responsabilidad de guardar la seguridad de los ciudadanos.

Expresó, que hoy más que nunca, el hombre se siente abandonado, ya que los únicos que están obligados a sacrificarse son los de abajo, los más pobres; sin esperanza en disfrutar un momento de mejoría.

Al mismo tiempo, destacó que el abandono es notable en esos jóvenes que están condicionados a un ambiente social, desde la forma de vestir hasta la forma de hablar. “Se entiende que por ser joven no se tienen ningún derecho, como Jesús muchos de nuestros jóvenes tienen todo el derecho de decirle a todo ¿Por qué me has abandonado?”.

Aprovechó el momento y denunció el grito de los jóvenes que esperan obtener un empleo y cuando lo consiguen el trabajo que hacen no es recompensado, o en su defecto, son explotados.

Con la poca esperanza que ve en los hombres, el religioso cuestionó: Jesús confiaba, pero nosotros y nuestros jóvenes ¿en quién pueden confiar? O ¿a quién podemos gritar?.

Además, envió un mensaje al Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), para recordarles que la cantidad de muertes por accidentes de tránsito se debe a la falta de educación vial, haciendo referencia a que esta institución solo recuerda la importancia de educar los cinco de octubre.

“¿Quién piensa en ellos?”, se preguntó el reverendo, refiriéndose a los dolientes de esos indigentes que están en las calles, de los rechazados, los débiles, los enfermos, de esas personas que no tienen a nadie que vele por su seguridad.

Sin embargo, terminó su discurso invitando a los presentes a elevar in grito, con la confianza de que el Señor no los ha dejado solos en su miserable vida, de que serán su desamparo es una angustia que será escuchado y para que los ayude a recobrar la confianza.

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

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